EDITORIAL MASONICA.ES

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IVÁN HERRERA HABLA DEL RÉGIMEN ESCOCÉS RECTIFICADO

  • Fecha:15-11-2014
  • Fuente: Blog PIDO LA PALABRA

A raíz de la publicación de la obra LOS CONVENTOS FUNDACIONALES DEL RÉGIMEN ESCOCÉS RECTIFICADO, nuestro querido autor IVÁN HERRERA MICHEL desarrolla una interesante reflexión en su blog que reproducimos aquí.

A raíz de mi reciente lectura del libro “Los Conventos Fundacionales del Régimen Escocés Rectificado” (RER), he estado considerando seriamente que la propagación de este Rito en Latinoamérica ofrecería a muchos Masones cristianos la oportunidad de trabajar en una Logia cuya dialéctica especulativa se desarrolle en el marco especifico de su fe religiosa, tal como está sucediendo en Argentina, México, Perú y Bolivia.Es lo que pasa, por ejemplo, en el seno del Gran Oriente de Francia, que cuenta en plena armonía multiritual con algo más de medio centenar de Talleres del RER bajo su jurisdicción desde 1910, además del "Gran Priorato Independiente de Francia" que tiene al interior de la Obediencia igual status Masónico que los adogmaticos Supremo Consejo del REAA y Gran Capítulo General del Rito Francés. Y también en la Gran Logia Femenina de Francia, en cuyo seno el “Gran Priorato Femenino de Francia” y las Logias del RER, disfrutan de excelentes relaciones con la mayoría de sus homólogos masculinos y mixtos de esa nación, y con sus también adogmáticos Supremo Consejo Femenino del REAA y Gran Capítulo General Femenino del Rito Francés.

De nuevo MASONICA.ES sorprende al publicar un libro contentivo de los documentos fundacionales de un Rito Masónico que busca “unir lo que está disperso”, pero con la condición de que el Masón sea cristiano trinitario (es decir, que crea en la “perfecta comunión de amor indefectible de un Dios uno y trino”) y no de otra confesión, agnóstico, ni mucho menos ateo o que sostenga convicciones esotéricas u ocultistas incompatibles con el Credo de Nicea-Constantinopla de los concilios de los años 325 y 381 de nuestra era, que es una profesión de fe que comparten la iglesias Católica, orientales separadas de Roma y gran parte de las protestantes. Para una cabal comprensión de la expresión de fe que exige a sus miembros el RER, no está de más recordar que este credo es el siguiente: “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó en María La virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados, espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.”

El libro es de autoría delhrmano teólogo, estudioso y conferencista Jean Francois Var y cuenta con un prólogo y traducción de mi querido hermano Ramón Martí Blanco, Ex Gran Maestro del Gran Priorato de Hispania (GPDH), con quien ya tuve la oportunidad de adelantar un “Dialogo” en el mes de abril de 2011 que después formó parte de mi libro “El Toque y la Palabra”.

El RER no posee enredados entresijos en el origen de sus grandes textos fundacionales, ni sus rituales han sufrido variaciones al vaivén de los tiempos y las geografías, como sucede con los Ritos Escocés Antiguo y Aceptado, York, Francés, Menfis Mizraim y Emulation, entre otros. De tal manera, que sorprende la inusual y pétrea ortodoxia regular que ha observado desde su fundación hace más de doscientos treinta años, conservando iguales los rituales y la tradición.Más allá de las particularidades cristianas, luego de leer en el libro las Actas transcritas de los Conventos fundacionales de Lyon (Francia – 1778) y de Wilhemlbad (Alemania - 1782), queda claro que, además de basarse en las enseñanzas espirituales de los Padres de la Iglesia y negar cualquier filiación con la Orden medieval del Temple, en palabras que ya le habíamos leído a nuestro hermano Eduardo Callaey, este Rito: “(…) tiene por finalidad el mantener y fortificar, no solamente en la Orden Interior, sino también en las Logias Masónicas, los principios sobre los que se sustenta, que son:

La fidelidad a la religión cristiana, fundamentada en la fe en la Santísima Trinidad.
La adhesión a los principios y tradiciones, tanto Masónicas como caballerescas, del Régimen, que se traducen en profundizar en la fe cristiana y en el estudio de la doctrina esotérica cristiana, enseñada en la Orden.
El perfeccionamiento de uno mismo por la práctica de las virtudes cristianas con el fin de vencer las pasiones, corregir los defectos y progresar por la vía de la realización espiritual.
La dedicación a la patria y al servicio de los demás.
La práctica constante de una beneficencia activa y esclarecida hacia todos los hombres, sea cual sea su raza, nacionalidad, situación, religión y sus opiniones políticas o filosóficas. (…)”.

En lo personal, no poseo ninguna objeción a que los Masones que deseen, según palabras pronunciadas en Cochabamba, Bolivia, en julio de 2014, por actual Gran Maestro del GPDH Josep Martí, “desbastar su Piedra Bruta, y (adelantar) su construcción interior, apoyados en los Rituales, los Santos Evangelios y los Padres de la Iglesia”, puedan acceder a un Rito Masónico que satisfaga sus expectativas constructivas, cuando la correlación plural extreme la dialéctica respetuosa que exige el método Masónico.

O cuando así lo prefieran en plena, simple y respetable libertad.