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Pin homenaje a RUDYARD KIPLING

Pin que rinde homenaje al mundialmente conocido masón y premio Nobel Rudyard Kipling por su libro EL HOMBRE QUE PUDO REINAR, en cuya versión cinematográfica aparecen símbolos masónicos con la disposición que muestra esta insignia: escuadra y compás con el Ojo que todo lo ve en el centro.

Materia
Pins
Idioma
  • Castellano
EAN
9789200009198
Ancho
20 cm
Alto
25 cm
Edición
1
Fecha publicación
04-06-2017
Edición en papel
10,00 €
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Contenidos

EL HOMBRE QUE PUDO REINAR
(de la obra Masonería en 7 planos de cine, de Abraham Domínguez Belloso)

John Huston quiso poner de manifiesto en esta aventura sobre aventuras, que Kipling y sus pequeños cuentos podían dar de sí más de lo que uno creía. Las metáforas constantes y evidentes sobre la Masonería y las evidencias continuas sobre la Orden iniciática en sus dos protagonistas, Sean Cornery y Michael Caine, hacen del film una obra masónica singular y de lo más atractiva para el espectador. Cuando el espectador conoce el film sin duda se identifica con los protagonistas, que a pesar de ser dos personas de moral discutible despiertan un cariño y una fraternidad de la que se quiere ser partícipe. Como suboficiales del ejército británico en la India a finales del siglo XIX, cuando ésta era Virreinato del Imperio, no es de extrañar que la Masonería traspasara las fronteras y llegara a los rincones más remotos del planeta. A medida que el Imperio Británico avanzaba, avanzaba con él la Masonería y el ejército fue en buena parte artífice de ello. Cualquiera es capaz de imaginar los círculos masónicos y sus tertulias en Covent Garden o en las tabernas de Kensington, o incluso en las tardes cálidas de primavera en Hyde Park en la que fue capital del mundo en su época, Londres; pero nadie o muy pocos podrían describir una Tenida en el siglo XIX en una tienda de campaña de ciertas dimensiones en mitad de la selva o del propio desierto. Kipling fue iniciado Masón en la India, en la Logia Esperanza y Perseverancia N.º 782 de Lahore, Punjab, lejos por tanto de las sólidas bases de la capital del Imperio. Éste entorno colonial y salvaje fue la base de muchas de sus obras impregnadas de Masonería y Fraternidad, que podían llegar hasta lo más profundo de la Naturaleza y ser encarnada por niños o incluso animales. Recordemos El libro de la Selva. La fascinación de Huston por la obra de Kipling y por la Masonería compone este bello poema, que lejos de la rimbombancia de otras de sus películas y de sus personajes encarna a la perfección el sentido de la Fraternidad Masónica más allá de lo que se entiende por amistad, y que será el cimiento sobre el que sustente el argumento, pues esa Fraternidad es hasta el final el eje que mueve todo el engranaje de la historia. El hombre que pudo reinar es, sobre todo, un camino hacia la luz y una búsqueda de uno mismo. No importa lo que se consiga y obtenga en ese camino, lo importan-te es hacerlo acompañado y descubrir la Luz, una Luz que se manifiesta de diferentes maneras pero que siempre está presente aunque los protagonistas no se den cuenta. Dravot y Carnehan (Corney y Caine), emprenderán un viaje iniciático donde conseguirán escalar los peldaños sociales hasta ser convertidos en Reyes-Dioses. El azar y la propia Masonería, a través de un colgante, serán sus salvoconductos para mantenerse en vida y con-seguir sus propósitos, pero el Gran Arquitecto del Universo sólo es uno y querer asemejársele con sentimientos y deseos humanos puede traer fatales consecuencias. Rudyard Kipling (Christopher Plummer) aporta el aire discreto y educado, el sentido común y la prudencia, siendo de este modo un ejemplo de Masón honrado y sensato. No obstante, él será el portador de la historia y el que la escribe en papel, convirtiéndose en la película en protagonista y autor. El contrapunto histórico y carente de rigor es querer presentar la figura de Alejandro Magno como Masón; su símbolo plasmado en piedra siglos antes de la llegada de Dravot y Carnehan es una escuadra y un compás. No siendo verídico, resulta convincente dentro del guión y funciona, hasta tal punto que Dravot se convierte en el descendiente de Alejandro Magno y, por tanto, será tratado como un Dios. Al final, la ambición y el poder, e incluso el deseo carnal, alejan a Dravot del camino de la virtud y de la Luz, cegado por unos deseos que siendo demasiado humanos desvelan que es sólo un hombre. El valor Fraternal de la amistad llevará a los dos amigos a enfrentarse con el que había sido su pueblo con un desenlace fatal, pero ante todo, poético y cargado de lirismo. El universo de Houston se pone de manifiesto creando una bellísima película; el camino iniciático que todo hombre recorre en su vida. No importa el final, lo fundamental es cómo lo hayas vivido.