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Moral y Dogma (Capítulo Rosacruz)

Moral y Dogma (Capítulo Rosacruz)

(EDICIÓN PAPEL) Traducción definitiva de un texto capital de la Masonería. Albert Pike recoge en Moral y Dogma las enseñanzas de los distintos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en un intento de retornar la Iniciación hacia sus contenidos originales así como de defender el compromiso individual con los valores masónicos.

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12,00 € IVA incluído

Título: Moral y Dogma del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (Capítulo Rosacruz)
Autor: Albert Pike
Traductor: Alberto Moreno Moreno
Colección: Serie Azul (Textos históricos y clásicos)
1ª edición, 2010
ISBN (edición papel): 978-84-92984-17-6
ISBN (edición digital): 978-84-92984-19-0
Depósito Legal: SE-5658-2010
Tamaño: 210 x 140 mm
Páginas: 124
PVP: 12 euros

 

ÍNDICE


XV Caballero del Este o de la Espada (Caballero del Este, o de la Espada, o del Águila)
XVI Príncipe de Jerusalén
XVII Caballero del Este y del Oeste
XVIII Caballero Rosacruz (Príncipe Rosacruz)

 


DESCRIPCIÓN

 

En los grados correspondientes al Capítulo Rosacruz, Albert Pike finaliza sus enseñanzas relativas al Segundo Templo y se adentra en la génesis de la doctrina rosacruz a través de la Gnosis, la Cábala, el Neoplatonismo, el Zoroastrismo, las doctrinas herméticas egipcias y una interpretación esotérica del Cristianismo. El autor analiza las distintas tradiciones referentes a la Deidad y a la Creación del Mundo y del Hombre, y contempla la necesidad de distinguir la interpretación exotérica de las Escrituras de la comprensión esotérica, única que revela su verdadero contenido. A través de la síntesis de doctrinas que provienen tanto de Oriente como de Occidente, Albert Pike describe los principios y el contenido de un grado cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos.

 

Los Gnósticos derivaron sus doctrinas e ideas principales de Platón y Filón, del Zend-Avesta y la Cábala, y de los libros sagrados de la India y Egipto; y así introdujeron en el seno del cristianismo la especulación cosmológica y teosófica que había formado el cuerpo principal de las antiguas religiones orientales, junto con doctrinas egipcias, griegas y hebreas, que los neoplatónicos habían adoptado igualmente en Occidente. La concepción de todos los seres como emanaciones de la Deidad, el tránsito progresivo de estos seres de emanación a emanación, redención y retorno a toda la pureza del Creador; y, tras el restablecimiento de la primitiva armonía, la restauración de la verdadera condición divina en todos, en el seno de Dios. Estas eran las enseñanzas fundamentales del Gnosticismo.

 

Filón no incorporó a su eclecticismo elementos egipcios ni orientales. Pero había otros maestros hebreos de Alejandría que sí lo hicieron. Los judíos egipcios se sentían ligeramente celosos de los de Palestina, y también se mostraban algo hostiles, especialmente tras la erección del santuario en Leontópolis por parte del Sumo Sacerdote Onías, y por ello admiraban y magnificaron a los sabios que, como Jeremías, habían residido en Egipto. La Sabiduría de Salomón fue escrita en Alejandría, y en tiempos de San Jerónimo era atribuido a Filón; pero contiene ideas que difieren de las suyas. Personifica la Sabiduría, y traza entre sus hijos y los profanos la misma línea de demarcación que Egipto había prescrito mucho antes a los hebreos. Esa distinción existía en el origen del credo mosaico. El mismo Moisés fue iniciado en los Misterios de Egipto, tal y como le correspondía en su condición de vástago adoptivo de la hija del Faraón, Tueris, hija de Sesostris-Ramsés; la cual, como su tumba y monumentos muestran, era, por derecho de su esposo infante, Regente del Bajo Egipto o del Delta, reinando en Heliópolis en tiempos del nacimiento del profeta hebreo. Ella era también, como los relieves de su tumba muestran, sacerdotisa de Hathor y Neit, las dos grandes diosas primigenias. Siendo Moisés su hijo adoptivo, viviendo en su palacio y en su presencia durante cuarenta años, y a duras penas familiarizado con sus hermanos judíos, la Ley de Egipto obligaba a su Iniciación. Y en muchas de sus disposiciones hallamos la intención de mantener la misma línea de separación entre el vulgo y los iniciados que él encontró en Egipto. Tanto Moisés como Aarón, su hermano, así como la serie de Sumos Sacerdotes al completo, el Consejo de Setenta Ancianos, Salomón y toda la sucesión de profetas se hallaban en posesión de una Ciencia sublime; y la Masonería es, cuando menos, sucesor lineal de esa Ciencia, que era habitualmente conocida como El Conocimiento del Mundo. Las doctrinas de Zaratustra vinieron originalmente de Bactria, una provincia india de Persia. Por lo tanto, incluía de forma natural elementos hindúes o budistas. La idea fundamental del budismo era que la materia sojuzgaba a la inteligencia, y que la inteligencia se liberaba a sí misma de esa esclavitud. Quizá algo de las enseñanzas gnósticas llegó de China. “Antes del caos que precedió al nacimiento del Cielo y la Tierra”, dice Lao Tsé, “existía un único Ser, inmenso y silente, inmóvil pero siempre activo: la madre del Universo. Ignoro su nombre, pero lo designo por la palabra Razón. El Hombre tiene su arquetipo y modelo en la Tierra; la Tierra en el Cielo, el Cielo en la Razón, y la Razón en sí misma”. Aquí encontramos de nuevo los Farohars, las Ideas, los Eones, la Razón o Inteligencia (Εννοια), el Silencio (Σιγή), la Palabra (Λογος) y la Sabiduría (Σοφια) de los gnósticos.

 

El sistema dominante entre los hebreos tras su cautiverio fue el de los pharoshim o fariseos. Ya provenga ese nombre de los parsis, o seguidores de Zaratustra, o de otra fuente, es seguro que tomaron buena parte de su doctrina prestada de los persas. Al igual que ellos, los fariseos afirmaban ser poseedores de un conocimiento misterioso y exclusivo, desconocido por las masas; e igualmente sostenían que se libraba una guerra constante entre el Imperio del Bien y el del Mal. Asimismo atribuían la responsabilidad del pecado y la caída del hombre al jefe de los espíritus malvados, y admitían una especial protección de los justos por parte de seres inferiores, agentes de Jehová. Todas sus doctrinas al respecto eran las de los Textos Sagrados del judaísmo, pero desarrollados de una forma singular; y el Oriente era evidentemente la fuente de la que llegaron aquellas interpretaciones. Se autodenominaban Intérpretes, un nombre que indica su pretensión de poseer en exclusiva la verdadera interpretación de las Sagradas Escrituras, en virtud de la tradición oral que Moisés recibió en el Monte Sinaí, y que sucesivas generaciones de iniciados habían transmitido, tal y como ellos afirmaban, inalterada hasta ellos. Su vestimenta, la creencia en la influencia de las estrellas y en la inmortalidad y transmigración de las almas, su sistema angélico y su astronomía resultaban extranjeros. El Saduceísmo emergió como una oposición esencialmente hebrea a estas enseñanzas foráneas y a esta mezcla de doctrinas adoptadas por los fariseos, que se habían convertido en el credo popular.

 

En el capítulo 18 de los Hechos de los Apóstoles leemos lo siguiente: “Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan Bautista. Y comenzó a hablar con decisión y audacia en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios”. Traduciendo a partir del lenguaje simbólico y figurativo y aclarando el verdadero sentido del texto griego, se lee de esta forma: Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había aprendido en los Misterios la verdadera doctrina respecto a Dios  y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con rigor en lo que se refiere a la Deidad, aunque no había recibido otro bautismo más que el de Juan”. No sabía nada en lo referente al Cristianismo, pues había residido en Alejandría, y acababa de llegar a Éfeso; siendo, probablemente, discípulo de Filón y de un terapeuta.

 

“Eso, en todos los tiempos,” –dice San Agustín- “es la religión cristiana, cuyo conocimiento y práctica supone la salud más cierta y segura, llamada así en honor a Cristo, pero no por la misma doctrina que ostenta el nombre; pues ese credo que ahora se llama religión cristiana era ya realmente conocido por los antiguos, y en ningún momento fue imperfecto ni incompleto, nunca desde el amanecer del hombre hasta que Cristo se encarnó; momento en que la religión verdadera, que ya existía previamente, comenzó a ser llamada cristiana. Y esto constituye la Religión Cristiana de nuestros días, que no era imperfecta en los tiempos antiguos, sino que recibió ese nombre en época posterior”. Los discípulos comenzaron a ser llamados “cristianos” en Antioquía, cuando Bernabé y Pablo comenzaron a predicar allí. Los judíos itinerantes, errantes o exorcistas, que empleaban el Sagrado Nombre para exorcizar espíritus malignos, eran sin duda terapeutas o esenios.

 

En oposición al antropocentrismo de las Escrituras hebreas, los judíos alejandrinos intentaron purificar la idea de Dios de cualquier característica humana. Al excluir todas las pasiones humanas, Dios quedaba sublimado en algo exento de todo atributo, trascendental por completo; y el puro Ser (ὄν), el Bien en Sí mismo y por Él mismo, el Absoluto del platonismo, fue sustituido por la Deidad personal (הוהי) del Antiguo Testamento. Al elevarse por encima de toda existencia creada, la mente, independizada del mundo de los sentidos, alcanza la intuición intelectual de este Ser Absoluto; del cual, en todo caso, no se puede predicar más que la existencia, dejando al margen cualquier otra cualidad, pues no respondería a la naturaleza exaltada de la Esencia Suprema. De esta forma, Filón hace una distinción entre aquellos que son Hijos de Dios en el verdadero sentido, y que se han elevado a ellos mismos hasta el más alto Ser, o lo que es lo mismo, han alcanzado un conocimiento de Él en Su propia manifestación inmediata por medio de la contemplación, y aquellos que conocen a Dios únicamente por la percepción mediata a través de la Revelación, en la que él se manifiesta velado en la letra de la Escritura, es decir, aquellos que solo alcanzan al Logos, y lo consideran el Dios Supremo, y son Hijos del Logos, más que Hijos del Verdadero Ser, ὄν.El Grado de Rosa U enseña tres cosas: la unidad, inmutabilidad y bondad de Dios; la inmortalidad del Alma; y la derrota final y extinción del mal, del error y el pesar por un Redentor o Mesías que todavía debe llegar, si no ha aparecido ya. De esta forma se sustituyen los tres pilares del viejo Templo por otros tres que ya han sido explicados: Fe (en Dios, en la Humanidad y en el hombre mismo), Esperanza (en la victoria sobre el mal, en el progreso de la Humanidad y en un Más Allá), y Caridad (proveer las necesidades y ser tolerante con las faltas de los demás). Ser fiel, tener esperanza, ser indulgente; estas cualidades, en una era de egoísmo en la que el género humano merece un juicio amargo y severo, son las virtudes más importantes, así como los verdaderos soportes de todo Templo Masónico. Y en realidad mantiene los viejos pilares del Templo bajo distintos nombres. Pues solo es sabio el que juzga a los demás con caridad; solo es fuerte el que tiene esperanza, y no hay nada más bello que una fe firme en Dios, en nuestros semejantes, y en nosotros mismos.

 

Ningún Capítulo admite un candidato a su sublime conocimiento filosófico, ni a sus ciencias mistéricas, hasta que ha sido purificado en el altar de los grados simbólicos. ¿Qué importan las diferencias en lo concerniente a la genealogía y edad del Grado, o sus variaciones en la práctica, el ceremonial y la liturgia, o el color del estandarte bajo el que marchaba cada tribu de Israel, si todos reverenciamos el Santo Arco Real de los grados Simbólicos, fuente primera e inalterable de la Francmasonería; si todos reverenciamos nuestros principios tradicionales y permanecen con nosotros en los grandes propósitos de nuestra Orden? Si, en algún lugar, hermanos de ciertas religiones han sido excluidos de este Grado, eso únicamente demuestra cuán gravemente pueden malinterpretarse los propósitos y el método de la Masonería. Pues siempre que la puerta de cualquier grado es cerrada contra aquel que cree en un Dios y en la inmortalidad del Alma en razón de sus creencias religiosas, ese grado deja de ser Masonería. Ningún masón tiene derecho a interpretar los símbolos de este grado para otro hermano, ni tampoco a rechazarlo en estos misterios porque no acepte una explicación o comentario sobreañadido. Escucha, mi hermano, nuestra interpretación de los símbolos de este Grado, y a continuación dales la interpretación que tú creas conveniente.