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Moral y Dogma (Grados de Aprendiz, Compañero y Maestro)

Moral y Dogma (Grados de Aprendiz, Compañero y Maestro)

(EDICIÓN PAPEL) Traducción definitiva de un texto capital de la Masonería. Albert Pike recoge en Moral y Dogma las enseñanzas de los distintos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en un intento de retornar la Iniciación hacia sus contenidos originales así como de defender el compromiso individual con los valores masónicos

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15,00 € IVA incluído

Título: Moral y Dogma del Rito Escocés Antiguo y Aceptado (Grados de Aprendiz, Compañero y Maestro)
Autor: Albert Pike
Traductor: Alberto Moreno Moreno
Colección: Serie Azul (Textos históricos y clásicos)
1ª edición, 2009
ISBN (edición papel): 978-84-937078-2-8
ISBN (edición digital): 978-84-937078-3-5
Depósito Legal: SE-3032-2009
Páginas: 170
PVP: 15 euros


ÍNDICE

 

Prefacio
I Aprendiz
II Compañero
III Maestro

 

DESCRIPCIÓN

 

Traducción definitiva de un texto capital de la Masonería. Albert Pike recoge en Moral y Dogma las enseñanzas de los distintos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en un intento de retornar la Iniciación hacia sus contenidos originales así como de defender el compromiso individual con los valores masónicos. Moral y Dogma ha sido de lectura obligada para todos los miembros de la Jurisdicción Sur de EE.UU. desde su edición en 1871 hasta 1974, año en que fue considerado "demasiado avanzado para ser útil al nuevo miembro".

 


EXTRACTOS


La Razón está lejos de ser la única guía, tanto en ciencia política como en moral. No debemos escuchar únicamente a la Razón, pues la Fuerza tiene su origen más en la Fe y en el Amor, y es por la ayuda de estas que el hombre escala las más altas cimas de la moralidad o se convierte en Salvador y Redentor de un pueblo. La Razón debe llevar el timón, pero la Fe y el Amor proveen la fuerza motriz y son las alas del alma. El entusiasmo es generalmente irracional, y sin él, al igual que sin el Amor ni la Fe, no habrían existido ni Rienzi, ni Tell, ni Sidney, ni ningún otro de los grandes patriotas cuyos nombres son inmortales. Si la Deidad hubiese sido únicamente omnisciente y todopoderosa, nunca hubiese creado el Universo.

 

Desde el punto de vista político no hay más que un principio elemental: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía de uno mismo sobre uno mismo se llama Libertad. Donde dos o más de estas soberanías se asocian comienza el Estado. Pero en esta asociación no hay abdicación, y cada una participa con una porción de la propia para formar el derecho común, siendo cada porción la misma para todos. Hay una contribución equitativa de todos para la soberanía conjunta. Esta identidad de cesión que cada uno hace para todos es la Igualdad. El derecho común no es ni más ni menos que la protección de todos, y arroja sus rayos sobre todos y cada uno. Esta protección de cada uno por parte de todos es la Fraternidad. La Libertad es la cima, la Igualdad es la base. La Igualdad no es únicamente vegetación en un mismo nivel, una sociedad de hierba verde y robles raquíticos, una vecindad de envidias castrándose unas a otras. Consiste, civilmente, en que todos tenga igualdad de oportunidades; políticamente, en que todos los votos tengan igual peso; y en lo religioso, que todas las conciencias tengan los mismos derechos. La Igualdad tiene un instrumento básico: la enseñanza gratuita y obligatoria. Debemos comenzar con el derecho a la alfabetización, la enseñanza primaria obligatoria para todos, y la escuela secundaria disponible para todos. Así es la Ley. De una escuela igual para todos surge una sociedad igualitaria. ¡Instrucción! ¡Luz!

 

Aunque la Masonería es semejante a los antiguos Misterios, lo es en realidad en este único sentido: no presenta sino una imagen imperfecta de su excelencia, no presenta sino las ruinas de su apogeo y un sistema que ha sufrido continuadas alteraciones fruto de acontecimientos sociales, circunstancias políticas y la necedad ambiciosa de quienes pretendían mejorarla. Tras abandonar Egipto, los Misterios fueron modificados por las costumbres de las distintas naciones en que fueron introducidos, y especialmente por los sistemas religiosos de los países adonde fueron trasplantados. Mantener el gobierno, las leyes y la religión establecida era la obligación de los Iniciados en cualquier parte, que siempre pertenecían a la casta sacerdotal y nunca deseaban compartir con el pueblo llano la verdad filosófica. La Masonería no es como el Coliseo en ruinas. Es más bien un palacio romano de la Edad Media, desfigurado por añadidos posteriores en su arquitectura pero aún así construido sobre unos cimientos ciclópeos establecidos por los etruscos, y con muchas de las piedras de su parte superior tomadas de casas y templos de la época de Adriano y Antonino.

 

La Moralidad es una fuerza. Es la atracción magnética del corazón hacia la Verdad y la Virtud. La aguja, imbuida de su propiedad mística y apuntando sin error hacia el Norte, conduce al marinero con certidumbre sobre un océano sin caminos, a través de la tormenta y la oscuridad, hasta que sus ojos felices contemplan los destellos benefactores del faro que le dan la bienvenida al puerto seguro y hospitalario. Entonces los corazones de aquellos que le aman se alegran, y su hogar se vuelve feliz; y esta alegría y felicidad se deben a la orientación silenciosa, humilde y cierta que ha sido guía del marinero sobre las aguas agitadas. Pero si se aventura demasiado al Norte, descubre que la aguja ya no es fiel, sino que apunta a un lugar distinto del Norte, y ¡qué sentimiento de indefensión se apodera del consternado marinero, cómo le abandonan la energía y el valor! Es como si los grandes axiomas de la moralidad estuviesen a punto de caer y dejasen de ser verdaderos, dejando al alma humana errar desamparada, sin ojos como Prometeo, a merced de las corrientes inciertas e impías de las profundidades.

 

Albert Pike